Museo de Antropología e Historia de San Pedro Sula

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Museo de Antropología e Historia de San Pedro Sula

El 25 de enero de 1994 abrió sus puertas al público el museo de antropología e historia de San Pedro Sula. Un museo regional, privado y activo que intenta dar una idea del desarrollo cultural logrado por los diferentes grupos que han vivido en el valle a través del tiempo. El museo fue concebido por el Centro de Estudios Precolombinos e Históricos de Honduras, sociedad civil sin fines de lucro, que con la ayuda de numerosas personas, instituciones y empresas logró organizarlo y darle vida.

Desde su inauguración hasta el momento el museo ha venido cumpliendo sus metas, entre ellas la de proteger el patrimonio nacional, educar y divulgar la cultura, fomentar la investigación, crear y reforzar una identidad cultural.

El museo se ubica en un edificio que durante años fue sede de la Escuela Primaria Francisco Morazán, ahora remodelado y acondicionado para cumplir su nueva función.

En el edificio principal, se encuentran dos grandes áreas de exhibición permanente. El recorrido empieza en la planta alta donde se relata la historia del valle desde el momento en que los primeros grupos humanos dejan su huella. El Valle de Sula es considerado por los arqueólogos como una zona intermedia que recibió numerosas influencias. Del noroeste viene la herencia mesoamericana, del sur las culturas andinas y sudamericanas, del noreste la de los grupos caribes. Todas estas tradiciones se traslapan en nuestra área de estudio, produciendo interesantes resultados.

No tenemos evidencias lingüísticas que permitan definir con seguridad quienes fueron los primeros habitantes del valle. Lo más probable es que se trate de grupos Payas y Xicaques que, aunque desarrollaron cultura propia, mantenían estrechas relaciones principalmente religiosas y comerciales con los Mayas del sureste.

Para explicar el desarrollo cultural la colección arqueológica se organizo en cuatro conjuntos. La primera sala nos habla del medio ambiente, de las plantas, animales y minerales que los grupos seminómadas dedicados a la caza, pesca y la recolección pudieron aprovechar. En el valle, rico en vegetación tropical, abundaban los cusucos, tacuacines, iguanas, monos, variedad de pájaros y culebras que no solo sirvieron de alimento sino también de inspiración a los artistas que los usaban de modelos para decorar vasijas y elaborar sellos y silbatos.

Dos grandes ríos 1. El Chamelecón y 2.El Ulúa recorren el valle y lo comunican con el atlántico. El mar, los ríos y arroyos aportaron peces moluscos cuya carne sirvió de alimento mientras que con sus conchas y caracoles hicieron adornos, utensilios y hasta instrumentos musicales.

En cuanto a los minerales, con pedernal, jade, jadeita y obsidiana se fabricaron instrumentos que servirían como herramientas para el trabajo diario, pero también como armas de guerra.

Hacia el año 7,000 a.C los grupos mesoamericanos descubrieron la agricultura. El ayote, que tal ves fue la primera planta cultivada junto con el maíz y frijol, constituyeron la base de la alimentación. El achiote parecía darle a las comidas una apariencia agradable, mientras que diferentes hierbas y chiles hacían variar el sabor. Pronto lograron cultivar también el cacao con el que preparaban una bebida reservada a los gobernantes y sacerdotes.

Además de aprender a cultivar los pobladores del valle lograron domesticar tres animales: El Jolote, un pequeño perro casi pelón que no ladraba y ciertos patos. Solo estos tres animales lograron reproducirse en cautiverio y vivir con el hombre aunque también amansaron y criaron en jaulas monos, culebras y diversos pájaros.

Al período durante el cual vivieron los cazadores recolectores lo llamamos Arcaico. No sabemos cuando se inicia pero sabemos que se termina hacia el año 1500 a.C dando paso al período preclásico o formativo que se desarrolla desde el 1500 a.C hasta el 200 d.C.

Con el descubrimiento de la agricultura la vida cambió radicalmente. Los grupos dejaron de ser seminómadas y comenzaron a establecerse en pequeñas aldeas. Si bien en un momento cada grupo familiar era autosuficiente y realizaban todos las mismas labores al permitir la agricultura producir un excedente pudo darse un intercambio y a la ves una especialización en el trabajo. El buen tejedor tenía redes y las cambiaba al agricultor por los granos que producía.

La vida sedentaria permitió también nuevos descubrimientos, empezaron por ejemplo a trabajar la cerámica. Descubrieron que el fuego cambiaba la consistencia de los objetos de barro, haciéndolos mas duraderos y permitiendo los usos mas variados.

Desgraciadamente en un clima húmedo y caliente muchos materiales se arruinaban con rapidez. Es por eso que nada nos queda de las antiguas telas de algodón, las canastas tejidas con fibras vegetales, los variados objetos tallados en madera. Subsisten en cambio numerosos objetos de cerámica y piedra, algunos de hueso y concha.

Analizando los objetos que han logrado subsistir, viendo como mejoran las técnicas, como cambian y se complican los diseños y las formas, como aumenta la producción, los arqueólogos van creando teorías y tratan de contarnos lo que sucedió hace cientos de años.

Del año 200 al 900 d.C se desarrollo el período clásico, hay numerosas aldeas en el valle y el arte alcanza su máxima expresión (técnica y estética). Sobresalen la cerámica policroma del ulúa y las vasijas de alabastro que por su excelente calidad se llevaron a Copán y a zonas lejanas de Centroamérica y península de Yucatán. A finales del clásico los alfareros trabajan con moldes produciendo figuras en serie y no una a una como era la costumbre.

La complejidad técnica incluyo los procesos de preparación de alimento. El museo posee un buen conjunto de piedras de moler con las que se procesaban el maíz y cacao para poder elaborar los más variados platillos.

El clásico dio paso al post-clásico que va del 900 al 1500 d.C. Las culturas indígenas entran en decadencia, sin que los historiadores y antropólogos puedan aclarar a ciencia cierta las causas. Ya entonces vienen en camino los españoles, que en frágiles embarcaciones navegaban en busca de una nueva ruta que les facilitara el comercio con el oriente.

Al terminar el recorrido por el mundo indígena bajamos a la primera planta en donde se relata la vida a partir de la llegada de los españoles. El encuentro de grupos tan contrastantes, las guerras de conquistas, el consecuente mestizaje cultural y racial, la fundación de San Pedro Sula se va utilizando con cuadros al óleo de gran colorido.

Se reconstruyo además una casa de tarro semejante a la que describían los misioneros y conquistadores en sus crónicas. Se ocupaban únicamente para dormir y descansar. Las labores domésticas se realizaban fuera. Arrodilladas o sentadas sobre el suelo las mujeres molían, cocinaban, hilaban y tejían.

Debido a la explotación y nuevas enfermedades como la viruela que provocaron terribles epidemias, miles de indígenas murieron. Se trajeron de África esclavos negros para que trabajaran en las minas y cultivo de caña de azúcar. Muchos negros huyeron y fueron bien aceptados por los indios caribes con cuyas mujeres se casaron. Fue así como pronto se dio el mestizaje de blancos indígenas y negros tan característicos de las costas de Honduras.

En 1536 Pedro de Alvarado fundó la ciudad de San Pedro, con un puñado de habitantes. Su ubicación estratégica muy cerca de la costa, la convierte en una bodega en donde se almacenan los productos que llegan del exterior, vía Puerto Caballos, para luego ser distribuidos al centro y sur del país e incluso en Guatemala, El Salvador y Nicaragua.

También se almacenan en San Pedro los productos que vienen del interior y que serán embarcados rumbo a las islas y Europa. Los principales productos de exportación son los cueros, zarzaparrilla, cañafístulas, añil y cacao. Debido a la acumulación de riqueza San Pedro atrae la atención de los piratas quien en numerosas ocasiones la saquean, causando destrucción y llenando de terror a los pobladores.

A consecuencia de estos ataques los sampedranos deciden abandonar la aldea y se establecen el área de manera dispersa. Las familias extensas que incluyen a los padres con los hijos, nueras, yernos y nietos construyen caseríos cerca de los arroyos y viven de manera autosuficiente, produciendo lo indispensable para sobrevivir. Es la llamada época de las estancias, largo periodo durante el cual predominan las champas de bahareque, con techo de manaca o zacate. La gente dormía en tapescos, petates hamacas o simplemente tirados sobre cueros de vacas. Los muebles y utensilios caseros son muy rudimentarios, predomina el uso de las diferentes maderas, fibras y de elementos vegetales.

Para defenderse de los ataques de los piratas en muchas de las islas y costas del caribe se construyeron grandes fortalezas de piedra y coral. En Honduras se construyeron dos fortalezas una en Trujillo y otra en Omoa.

A principios del siglo XIX Centroamérica luchó por su independencia que se consuma en el año de 1821. Los países centroamericanos permanecieron unidos formando una federación cuya vida fue breve y agitada. A los pocos años Honduras se convierte en una república independiente.

La costa norte sufre nuevos cambios con la llegada de diferentes grupos extranjeros. Primero llegan los norteamericanos, decepcionados por las consecuencias de la guerra de sucesión y piden se les concedan tierras y otros beneficios, ellos a cambio harán que el área prospere y se desarrolle.

Hacia 1860 llegan alemanes, ingleses franceses, austriacos. Atraídos por la construcción de una vía férrea que debía unir al atlántico con el pacífico. Desgraciadamente el proyecto se frustró ya que el área demostró ser demasiado montañosa y vegetación exuberante, el ferrocarril no va más allá de Pimienta.

Muchos extranjeros se quedan y a falta de tierras que están en poder de los criollos se dedican al comercio. A ellos se unen los erróneamente llamados turcos, que en realidad son sirios y libaneses, pronto son ellos quienes controlan el comercio.

En 1870 empieza la explotación bananera. Las relaciones e intercambios comerciales con Nueva Orleáns se intensifican. Este fenómeno y la llegada de numerosos extranjeros cambian el aspecto de la ciudad; las casas con sus muebles, enseres y vestuario se transforman radicalmente. Vía Nueva Orleáns llegan numerosos productos que se venden en tiendas donde se habla ingles, francés, árabe y chino y no por que los sampedranos sean muy estudiados, pues a principios del siglo XX aún no hay escuelas formales, sino debido a que son extranjeros recién llegados, con sus propias costumbres y tradiciones así como su idioma.

En el corazón de San Pedro abundan las casas tipo Gingerbread construidas de madera con dos plantas. La planta alta sirve de vivienda familiar mientras que la baja queda convertida en tienda. En 1934 un terrible incendio destruyo alrededor de 15 cuadras del centro. Escarmentados los dueños comienzan a sustituir la madera por el ladrillo y cemento. La casa de bahareque sigue siendo sin embargo muy común.

Además de dedicarse al comercio los inmigrantes extranjeros desarrollan una industria incipiente que va a marcar el carácter de la ciudad. El paisaje de la calle cambia drásticamente. La selva tropical va siendo destruida para dar lugar al cultivo del banano, piña y caña de azúcar.

Grandes áreas se talan y se convierten en pastizales para el ganado. Se establecen las primeras empresas como la cervecería, azucarera, procesadoras de productos lácteos. La ciudad crece vertiginosamente y el valle se convierte en la zona industrial mas importante del país.

Fuente: www.ecohonduras.net